¿Habrán quienes sigan interesados por el arte?

Como tantas cosas han cambiado y se han olvidado, el arte pasó a formar parte de la nostalgia de lo que el hombre pudo haber hecho alguna vez, aquellos tiempos gloriosos de ingenio natural y tenaz se han convertido en páginas de libros de historia, imágenes de Wikipedia y tareas de universidad. 

¿Hay espacio para pensar? ¿Para pensar de verdad? Los hombres y mujeres tratan de responder una pregunta que jamás tendrá respuesta rotunda, ¿Qué hacemos aquí? El arte nació del murmullo de un posible acierto, de un camino que parece otorgar gloria, inteligencia y felicidad, pero resultó ser un oasis en el desierto; creado por el cansancio y la sed. Beber de las aguas del talento y la técnica permitió la vida en el sentimiento, concedió extender el camino, pero no llegar a la respuesta. 

Directores, pintores, músicos, actores, escritores, fotógrafos, cineastas, yo... Y nadie está comprometido con su trabajo, todos estamos por perecer y declarar que la burguesía ha ganado la guerra, hemos alzado la bandera blanca, tregua. Caminos que se deciden por la astucia y la estrategia de amar lo que hacemos, de creernos a nosotros mismos cuando decimos que somos para el arte como el artista lo es a su obra. La trayectoria de este camino es oscura, pesada y ruda. 

Conoces a un pintor, te ilusionas, otorgas tu corazón, pero a cambio te ofrece pinturas mal hechas, dibujos de $1.00 MXN, aunque indique que su obra es el fruto de su mayor esfuerzo interior, conoces a un director de teatro y le otorgas tu tiempo, pero a cambio obtienes una lucha interminable con su ego y su poca habilidad para escribir guiones, los fotógrafos y cineastas son iguales o peores, les ofreces paciencia y te entregan paisajes aburridos, fotos mal tomadas que aseguran son lo más conceptual que verás en tu vida, ¿por qué? Porque así es ahora, el arte es la expresión de la sociedad que ya no quiere crecer hacia arriba, prefiere crecer a los lados, como las caderas de una mujer gorda, que dice ser gorda porque es de "hueso grande". 

La falta de compromiso no es la enfermedad, es el síntoma de la necesidad de llamarse ARTISTA, tampoco es un ciclo generacional, es peor, ¿en dónde están los artistas que pueden hacer de lo imposible, posible? ¿De entregarnos una obra en la que, la más íntima de nuestras fibras, pueda sentirse parte de eso? No olvidaré un taller de Artemio Narro y Selma Guisande, "artistas" enseñando a ser "artistas"... Si pegar papeles recortados en las piedras y grabar cualquier chuchería con tu teléfono móvil es considerarse maestro de la creatividad... ¡Felicidades! Hemos llegado al punto en donde la relevancia racional y el esfuerzo diario, acompañado del estímulo personal, es equivalente a ser un payaso disfrazado de títulos y eventos magnos. 

Y como dice Alejandra Flores (reconocida "promotora cultural"), TODOS SOMOS ARTISTAS, pero para llegar a ese lugar de dioses, lo más importante es tener buenos contactos y cobrar muy bien, si el artista no vive de aplausos, eso ya lo tenemos bien claro. 







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